Voy a contar una historia, y lo haré
lo más breve posible, se trata de una chica, a la cual llamare Alicia, y no es
para menos, puesto que su imaginación era la de un mundo tan maravilloso, en el
que creía que las personas que encontraba a su paso iban a ser buenas, iban a
guiarla al camino correcto, a enseñarle cosas extraordinarias, que no podrían
ser reales; en fin, un día se despertó a media noche, somnolienta, tomó un vaso
de agua y pensó que ojalá llegara muy alto, tan alto que ni el propio cielo
pudiera tocarla, tan alto que las aspiraciones de unos cuantos serían hormigas
comparadas con su logro.
Pero no fue así, el mundo en el que vivía no era el real y de la manera más trágica tuvo que volver a la realidad, un mundo donde da miedo ser tú mismo, donde la frase “favor con favor se paga” es una regla no escrita y donde tienes dos opciones, o te chingan o aprendes a chingar.
Es así como me transporto a ese salón de clases, en ocasiones frío, sucio, deteriorado por el paso del tiempo, donde lo han recorrido diferentes seres cargados de ilusiones y de anhelos; las bancas tibias se mezclan con los perfumes característicos de cada personaje.
Entro, los miro, observo a cada uno de ellos, sus modismos, sus suspiros, su estilo, en el frente un líder, aquel que quiere dejarnos algo, sé que es importante y trato de comprender cada una de sus palabras, pero me es imposible si sigo pensando que realmente no me servirá de mucho si puedo coquetearle a alguien y podré subir alto, sin necesidad de tener una ortografía perfecta.
¿Qué que me dejo la clase?, más bien, quiero saber lo que me dejaron mis compañeros, aprendí que las metas no se logran si no tienen motivación, que el leer cada día enriquece la mente y alimenta el ingenio, que colaborar con extraños también deja aprendizaje, que el compañero de al lado puede tener problemas y dejar todo en clase, y es tan así que aprendí a escuchar, a leer, a reflexionar, a llorar, eh aprendido que la educación en la escuela es opcional puesto que nosotros mismos nos ponemos el límite.
Que voy a extrañar la escuela, y será un recuerdo, pero más bien el recuerdo de las personas, no de los pasillos, ellos estarán cuando guste regresar, pero el saber que esas personas que caminaron junto a ti cuatro años, ya no están, se han esfumado, han continuado sus vidas y evolucionando. Me cuesta decir adiós, pero siempre tienes que darle vuelta a la hoja, cerrar el libro y dejar los recuerdos, las sonrisas y los llantos, las aventuras vividas, los amores no correspondidos, las materias reprobadas, las lecciones aprendidas.
Me eh enriquecido y eh crecido como persona, estoy aprendiendo a valorar mi trabajo y la persona que soy, aún me falta mucho por recorrer, tengo tantas ganas de saber que va a pasar mañana, en donde estaré, con quien comeré o sí tal vez, solo tal vez me recuerden, como la niña que una vez lo quiso todo.
Mady, 2014.
No hay comentarios:
Publicar un comentario